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28/10/2026 · CULTURA
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Día Mundial de la Animación: más de un siglo de creatividad e imaginación

La posibilidad de dar vida a dibujos, objetos y personajes mediante imágenes en movimiento tiene una historia que se remonta mucho antes de la aparición de las computadoras y los efectos digitales. Desde los primeros dispositivos ópticos hasta las producciones cinematográficas contemporáneas, la animación se consolidó como una expresión artística capaz de combinar imaginación, innovación técnica y nuevas formas de narrar.

Cada 28 de octubre se celebra el Día Mundial de la Animación, una fecha que invita a recorrer esa historia y a reconocer el trabajo de artistas, ilustradores, directores, guionistas y técnicos que contribuyeron a transformar el cine y la cultura audiovisual.

Un invento que transformó la experiencia de las imágenes

La celebración fue impulsada en 2002 por la Asociación Internacional de Films de Animación (ASIFA) y comenzó a conmemorarse en 2003. La fecha recuerda un acontecimiento fundamental en la historia de la animación: la primera presentación pública del teatro óptico, creado por el inventor francés Charles-Émile Reynaud, el 28 de octubre de 1892, en el Museo Grévin de París.

Reynaud fue uno de los grandes precursores de la animación. A partir de sus investigaciones sobre los juguetes ópticos, desarrolló mecanismos capaces de generar la ilusión de movimiento y perfeccionó el praxinoscopio, un dispositivo que utilizaba espejos para reflejar una sucesión de imágenes dibujadas.

Charles-Émile Reynaud, precursor del cine animado.

Su siguiente gran creación fue el teatro óptico, un sistema que permitía proyectar secuencias animadas sobre una pantalla ante un público reunido en una sala. A diferencia de otros dispositivos anteriores, destinados principalmente a la observación individual, esta invención hizo posible compartir las imágenes en un espectáculo colectivo.

En 1892, Reynaud presentó sus Pantomimas luminosas, una serie de escenas dibujadas sobre bandas flexibles que se proyectaban acompañadas por música y efectos sonoros. Entre sus obras más conocidas se encuentran Pauvre Pierrot! y Autour d’une cabine.

Estas experiencias constituyeron un antecedente fundamental del cine como espectáculo y demostraron que las imágenes dibujadas podían construir relatos, generar emociones y captar la atención del público.

La Argentina, pionera del largometraje animado

La historia de la animación tiene un capítulo especialmente significativo en nuestro país. El 9 de noviembre de 1917 se estrenó en Buenos Aires El apóstol, una película realizada por Quirino Cristiani y considerada el primer largometraje animado de la historia.

Nacido en Italia y radicado en la Argentina desde su infancia, Cristiani desarrolló una técnica basada en figuras articuladas de cartón, fotografiadas cuadro por cuadro para producir la ilusión de movimiento. Su trabajo estuvo vinculado inicialmente con la caricatura política y las producciones cinematográficas de actualidad.

El apóstol fue una sátira política centrada en el entonces presidente Hipólito Yrigoyen. En la película, el mandatario ascendía al cielo para obtener los rayos de Júpiter y utilizarlos en una supuesta misión de limpieza moral de Buenos Aires. La historia culminaba con la destrucción de la ciudad.

El apóstol, primera película animada realizada en Argentina.

Con una duración aproximada de una hora, la película demandó un intenso trabajo artesanal, basado en la elaboración y fotografía individual de miles de dibujos y figuras. Su realización requirió alrededor de un año.

A pesar de su importancia histórica, no se conservan copias conocidas de la obra. Su pérdida constituye uno de los episodios más lamentables del patrimonio cinematográfico argentino.

Cristiani continuó explorando las posibilidades del lenguaje animado y, en 1931, estrenó Peludópolis, considerada el primer largometraje animado sonoro. La película incorporó sonido sincronizado y volvió a recurrir a la sátira política como eje narrativo.

De Patoruzú a los personajes de Manuel García Ferré

El desarrollo de la animación argentina continuó durante las décadas siguientes, con creadores que trasladaron al movimiento personajes provenientes de la historieta, la ilustración y la cultura popular.

Uno de los nombres destacados fue Dante Quinterno, creador de Patoruzú, quien impulsó la producción de Upa en apuros, un cortometraje estrenado en 1942 que llevó al cine a sus célebres personajes. La obra constituye un ejemplo temprano de la adaptación de la historieta argentina al lenguaje de la animación.

A partir de la década de 1960, Manuel García Ferré se convirtió en otra figura fundamental. Dibujante, guionista y productor, creó personajes que atravesaron generaciones y se instalaron en el imaginario colectivo.

Trapito, creación de García Ferré.

Entre sus creaciones más reconocidas se encuentran Anteojito, Hijitus, Larguirucho e Ico. Su producción abarcó series televisivas, cortometrajes y largometrajes, con títulos como Mil intentos y un invento, Trapito, Ico, el caballito valiente y Manuelita, película basada en el personaje creado por María Elena Walsh.

Su trabajo contribuyó a consolidar una industria local de contenidos animados destinados al público infantil y familiar, con una identidad propia y personajes reconocibles para distintas generaciones.

Otros referentes, como el animador y realizador Luis J. Bras, el docente e investigador Víctor Iturralde y el especialista en animación de muñecos Carlos González Groppa, también contribuyeron al desarrollo de una tradición que exploró diversas técnicas y posibilidades expresivas.

De los dibujos hechos a mano a la animación digital

A lo largo del siglo XX, la animación experimentó profundas transformaciones técnicas que ampliaron sus posibilidades narrativas y estéticas.

La incorporación del sonido sincronizado, el desarrollo del cine en color, la expansión de la televisión y la aparición de nuevos procedimientos para reproducir y animar dibujos modificaron los procesos de producción y las características de las obras.

En 1937 se estrenó Blancanieves y los siete enanitos, de Walt Disney, el primer largometraje animado producido por el estudio Disney y uno de los hitos que consolidaron la animación como una forma de producción cinematográfica capaz de convocar a públicos masivos. Realizada mediante animación tradicional y estrenada en Technicolor, la película alcanzó un reconocimiento internacional.

Décadas después, la animación por computadora abrió nuevas posibilidades para crear personajes, escenarios y movimientos. Un momento decisivo llegó en 1995 con Toy Story, de Pixar, reconocido como el primer largometraje realizado íntegramente mediante animación por computadora.

Toy Story, de Pixar.

En la actualidad, las técnicas tradicionales conviven con el modelado tridimensional, la animación digital en dos dimensiones, el stop motion —que genera movimiento mediante la fotografía sucesiva de objetos físicos— y diversas formas de experimentación audiovisual.

La expansión de internet y de las plataformas digitales también transformó las formas de circulación de las obras, al facilitar la difusión internacional de cortometrajes independientes y producciones de estudios pequeños.

Un lenguaje artístico en permanente transformación

Más allá de los avances tecnológicos, la animación continúa siendo una disciplina en la que la creatividad y el trabajo artístico ocupan un lugar central. Cada movimiento, gesto, escenario y cambio de expresión forma parte de una construcción visual que requiere planificación, conocimiento técnico y una mirada singular.

Sus posibilidades exceden el entretenimiento infantil: la animación también se utiliza en documentales, videoclips, publicidad, videojuegos, producciones educativas y proyectos experimentales que abordan temas sociales, históricos y científicos.

La muestra "Walt Disney Animation Studios: La magia de crear" puede visitarse hasta el 13 de diciembre en el Palavio Libertad.

En la Argentina, los festivales, los espacios de formación y las productoras contribuyen a sostener la actividad y a promover el encuentro entre realizadores, estudiantes y públicos diversos.

El Día Mundial de la Animación es una oportunidad para reconocer la creatividad de quienes construyen universos a partir de imágenes y recordar que, detrás de cada personaje que parece cobrar vida en la pantalla, existe una extensa tradición de experimentación, oficio e imaginación.

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