Discurso del Presidente Javier Milei en la Noche de Celebración por Israel, en la Iglesia Visión de Futuro
Bueno, buenas noches a todos. Ante todo, muchas gracias por la invitación y por este premio que representa mi afecto por Israel como Presidente, como argentino y como amante de las ideas de la libertad. Gracias al pastor Mario Bramnick por organizar este evento para combatir el antisemitismo, y por supuesto a todos los presentes. Además, en las primeras filas veo a grandes amigos. Gracias, gracias por este hermoso momento que me están regalando.
Además, quiero aprovechar para felicitar a mi amigo Bibi Netanyahu por el resultado obtenido en las últimas elecciones de Israel. Hoy, más que nunca, es necesario que Israel consolide un liderazgo fuerte y representativo que le permita afrontar los desafíos de esta nueva etapa. Tomar las riendas del Estado judío nunca fue una tarea sencilla y mucho menos, en medio de un resurgimiento global del antisemitismo, utilizado como arma contra su derecho a existir sumado el silencio cómplice de gran parte de los medios internacionales.
También quiero usar este espacio, que reúne a representantes de múltiples credos y religiones, para celebrar la próxima visita del Papa León XIV a la Argentina, la primera desde el paso por nuestro país de Juan Pablo II en 1987. Este acontecimiento servirá para reforzar nuestro compromiso con los valores judeocristianos, que constituyen los cimientos de Occidente y desde los cuales se emana nuestra grandeza como civilización. Un evento semejante, que reúne a todos los que compartimos una ascendencia religiosa común, habla de la importancia de la fe en nuestro presente, presente que, dicho sea de paso, la necesita más que nunca. Como bien saben, desde el primer día de nuestro gobierno nos hemos puesto del lado de Israel, dando un giro de timón a una política exterior argentina apartada de Occidente.
Pero es necesario aclarar que no defendemos a Israel por un capricho personal del Presidente de la Nación, sino porque hoy es el baluarte de nuestros valores en el mundo frente a quienes quieren destruirnos. Hablo de los valores que nos atraviesan a todos los argentinos en calidad de occidentales. Y alcanza con leer los diez mandamientos para entender los valores que moldearon a Occidente. Desde el inicio el Creador nos da la libertad cuando señala: “yo soy tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud”. Es decir que primero nos hace libres; y recién después vienen las responsabilidades: no matarás, la vida de cada uno es inviolable; no robarás, lo que cada uno crea con su trabajo le pertenece; no darás falso testimonio, la palabra empeñada sostiene el contrato y la confianza entre las personas; no codiciarás, nadie tiene derecho sobre lo que es del otro. Por eso la mejor definición de liberalismo es la que acuñó Alberto Benegas Lynch (hijo), que señala que es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y la propiedad. Porque engloba tanto a la libertad como las responsabilidades necesarias para que la libertad sea fructífera y no simplemente libertinaje.
Por eso, estos valores se encuentran en el centro de la moral como política de Estado que conforma la brújula de este Gobierno. Cada medida que tomamos parte desde la justicia y el respeto por el derecho natural a la vida, a la libertad y la propiedad. Estas nociones que nos hacen quienes somos, hace única a nuestra civilización y la hacemos heredados desde las Santas Escritura. Para nosotros, esos valores no son negociables, son parte esencial de nuestra identidad y vamos a defenderlos en donde sea que se intente socavar los fundamentos de nuestras sociedades, tanto de enemigos internos como externos. Hoy el terrorismo y el antisemitismo buscan romper con estos lazos y romper con nuestra confianza en los valores que nos unen. La Argentina sabe de qué habla cuando habla de terrorismo porque lo conoce en carne propia, el atentado a la Embajada de Israel en 1992 y el de la AMIA en 1994, dejaron 114 víctimas fatales inocentes. Hoy la justicia reconoce que fueron crímenes de lesa humanidad y señala la responsabilidad de Irán y de Hezbolá. Mientras otros gobiernos firmaban un memorándum con Irán, nosotros firmamos uno con la democracia liberal de Israel.
Y en esa batalla los terroristas no están solos, cuentan con el auxilio de la izquierda internacional, que trabaja día a día para esmerilar la confianza en los gobiernos liberales y allanar el terreno para quienes, desde afuera, atentan contra nuestro modo de vida. Su único objetivo es la destrucción total de Occidente y de todo aquello que representa. Y esto tampoco es algo novedoso. Isaías ya lo advirtió: hay de los que a lo malo dicen bueno y a lo bueno, malo, que hacen de la luz tinieblas y de las tinieblas luz, es lo que hacen quienes justifican al terrorismo y culpan a sus víctimas. Quieren desdibujar la verdad, invertir nuestros valores, y dejarnos indefensos frente al avance de la barbarie. Y no hablo únicamente de una destrucción material, sino de algo mucho más profundo: van por los aspectos intangibles, espirituales, sin los cuales nada de lo que construyeron nuestros antepasados hubiera sido posible. Y en el terreno ofrecen un sustituto: el Estado total en lugar de Dios. O como le diríamos los liberales, la fatal arrogancia.
Prometen el paraíso inmediato, pero ese paraíso siempre queda a una matanza y a un robo sistemático de distancia. La promesa de la plenitud de la noche a la mañana es la promesa del perro que persigue su propia cola, pero nunca puede alcanzarla. Y la promesa de convertir al Estado en Dios y alcanzar el paraíso en la tierra de la noche de la mañana siempre deja como resultado un infierno: un infierno de pobreza, de miseria, de guerra. Ellos no comparan a nuestras democracias liberales con sus distopías totalitarias. No, la comparan con el paraíso imaginario que intentan vender. Y desde esa comparación falaz critican todo el andamiaje teórico y moral de nuestras sociedades.
Así, cuando una democracia lucha contra terroristas que se esconden detrás de la población civil, solo critican a la democracia porque no puede evitar absolutamente todas las víctimas colaterales. Cuando Israel lucha por su supervivencia piden sanciones, embargos y limitaciones. Cuando Hamas extorsiona con rehenes, o cuando el terrorismo bloquea las vías navegables del mundo, ellos solo culpan a Israel o a los Estados Unidos por no ceder ante su chantaje, ante su extorsión.
Algunos ceden ante el mal por cobardía, creen que el apaciguamiento es la mejor estrategia, otros más inteligentes ceden porque saben que el apaciguamiento solo empeora al terrorismo. No nos confundamos, ellos quieren que los enemigos de occidente venzan y solo lloran cuando estos enemigos son justamente derrotados. Hoy, todo esto gracias a la visión de grandes líderes como Donald Trump y Bibi Netanyahu, ha quedado a la vista de todo el mundo. Por eso, nuestro deber es reencontrarnos con nosotros mismos como civilización occidental, dejar de dar por hecho todo lo que hemos logrado, recordar que el precio de la libertad es la eterna vigilancia, tener en claro que quienes se meten con Israel se meten con todo occidente y que no descansaremos ni un segundo para resguardar el tesoro de nuestra herencia civilizatoria.
Hace más de 2000 años, los macabeos se enfrentaron a un imperio infinitamente más poderoso que ellos y entendieron que la victoria depende de las fuerzas que el cielo… Macabeos, 3:19: la victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados, sino de las fuerzas que vienen del cielo. Amén.
En este sentido, mucho más que del tamaño del ejército, hoy Israel sostiene esa misma luz frente a las tinieblas, y la Argentina ha elegido estar a su lado. Por lo tanto, que Dios bendiga la República Argentina, que Dios bendiga a Israel y a Occidente, que las fuerzas del cielo nos acompañen y viva la libertad, carajo. Muchísimas gracias.






