Cátulo Castillo, el poeta del tango que dejó el boxeo por amor a la música
La Secretaría de Cultura de la Nación, a cargo de Leonardo Cifelli, recuerda a Ovidio Cátulo González, a 51 años de su fallecimiento. Fue considerado un verdadero poeta del tango, gran defensor de los animales y exboxeador que llegó a ser campeón argentino en la categoría de peso pluma.
Nació el 6 de agosto de 1906 en Buenos Aires y, como su padre no pudo inscribirlo con el nombre “Descanso Dominical González Castillo”, finalmente fue Ovidio Cátulo: un nombre que quedaría para siempre ligado al tango en esta parte de la región.
Desde niño, Cátulo mostró una fascinación profunda por la música: a los ocho años ya estudiaba solfeo, violín y teoría musical. Más adelante se formó en piano y composición. Paralelamente a su pasión musical, de adolescente se destacó en boxeo y fue preseleccionado para los Juegos Olímpicos de Ámsterdam (1924), una faceta menos conocida, pero igualmente impresionante de su vida.
Su carrera musical comenzó a tomar resonancia con el tango “Organito de la tarde”, una canción que ganó un concurso organizado por Max Glucksman y cuyo texto fue escrito por su padre. En 1927 emprendió una gira por España con una orquesta integrada por destacados músicos, entre ellos Ricardo Malerba y Miguel Caló, lo que le permitió extender su éxito por más de dos años y difundir su talento por el mundo. Tras la muerte de su padre, en 1937, Cátulo se dedicó de lleno a escribir letras que se convirtieron en memorables tangos.
La dupla Cátulo-Troilo fue muy exitosa.
Cátulo-Troilo, una dupla exitosa
Con Aníbal Troilo fueron grandes compañeros y compusieron inolvidables tangos como “María”, “La última curda” y “Desencuentro”, que forman parte del cancionero popular argentino. Cátulo también compuso otras piezas como "Tinta roja", "Caserón de tejas", "Café de los angelitos", "Dinero, dinero", "Te llaman violín", "La Madrugada", "Un hombre silba", "Para qué te quiero tanto", entre tantos otros.
A lo largo de su vida, Cátulo no solo fue compositor y letrista, sino también periodista, dramaturgo y un incansable promotor de la cultura. En la década del 30, ganó un concurso para convertirse en profesor del Conservatorio Municipal Manuel de Falla y trabajó allí hasta su jubilación. También presidió la Comisión Nacional de Cultura durante la década del 40, desde donde impulsó iniciativas como llevar el tango al Teatro Colón de la mano de Aníbal Trolilo, acto que en su momento fue resistido por los sectores conservadores.
Cátulo Castillo en su juventud.
El músico fue también un apasionado defensor de los animales. A mediados de la década del 50, junto a su mujer Amanda Peluffo, abandonó la ciudad y se fue a vivir al gran Buenos Aires donde fundó el Movimiento Argentino de Protección Animal (MAPA). En su casa de Paso del Rey llegó a tener 95 perros y 19 gatos. En 1974, Cátulo fue reconocido como Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y, en 1975, ganó el Gran Premio Anual del Fondo Nacional de las Artes. Ese mismo año, murió el 19 de octubre. Tenía 69 años y fue velado en el panteón de SADAIC, rodeado de amigos y artistas.






